Si el marido no la atiende, hay un chingo de morros con la verga caliente ansiosos de sumirle el tolete.

No la culpen a ella, lo que pasa es que el marido está más ocupado con los negocios que con el jugoso culo de su hembra. Sin embargo, a ella no le importa el dinero sino el sexo. De modo que no iba a quedarse sin una macana para delirar y sentirse reina otra vez. Por esta razón, convenció a un amigo de su esposo, un joven de 27 años, de echar el mejor palo de su vida. El morro acudió a la cita, en casa de la madura puta. La mujer de estatura media, lucía una lencería dorada, que acentuaba sus grandes toronjas y dividían su culazo. Así pues, el chavo se recostó en el sillón, mientras ella meneaba el bote y sentía el camote. Mientras ella se movía como serpiente, el joven metía los dedos en su ano. Ella se reía y gemía, “vamos despacio, papi, si te portas bien dejo que me cojas por el culo”. El morro le dio unas buenas metidas.