Aunque le prometo a mi mujer no ser infiel, con estas pinches colas no puedo evitar clavar la verga en la rendija.

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Por más que trato de mantenerme libre de infidelidades, siempre aparece alguna morrita culona y ponedora. Por esa razón, esta mañana volví a ponerle los cuernos a mi vieja. Yo salí al gimnasio, antes de ir a trabajar. Pero en la sala de entrenamiento estaba una nueva instructora, una morena de 35 años con un culote de infarto. ¡Qué decir de sus tetas!, eran unos melones grandes y jugosos. Por si fuera poco, la madura sensual no dejaba de mirarme. El colmo fue cuando estaba levantando pesas y ella me abrazó por detrás, para luego manosear mis verijas. La cabrona se rio y me dijo que la llevara a algún lado ahora. Ahora o nunca. Descaradamente miré su culo, la tomé de la mano y salimos del gimnasio. En un instante, estábamos en la cama. La fabulosa culona no paraba de mamar mi pinga, decía que era su desayuno. No obstante, yo prefiero la carne. Así que la puse a montar de reversa. ¡Madre mía!, todavía me jaló la verga pensando en sus nalgas.

Categorias: Brazzers
6 min
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